Arrancó como una necesidad, pero con el tiempo se volvió una elección. A los 18 años, apenas terminó la secundaria en el Instituto Puente, Tomás Vega decidió incorporarse al Ejército. Hoy, con 21, es soldado voluntario en el Liceo Militar General Gregorio Aráoz de Lamadrid y, mientras observa el desfile cívico-militar en conmemoración a los caídos y veteranos de Malvinas en Yerba Buena, piensa en esa historia que ocurrió décadas antes de que él naciera, pero que siente propia.
“Este día lo conmemoramos, sobre todo, por aquellos que no volvieron. Son los verdaderos héroes. Es una fecha que llevamos en el corazón, como todo argentino”, dice.
Cuando se le plantea el ejercicio de imaginarse en 1982, con la edad de los soldados que fueron enviados a las islas, no duda: “Hubiera respondido, sí. Porque siento que es una obligación. Todo ciudadano argentino tiene el deber de defender su patria, su bandera, su nación”.
Su mirada también se detiene en aquellos jóvenes que combatieron sin preparación. “Fueron sin saber qué iba a pasar, cómo los iba a enfrentar el frío, el hambre… y aun así no se negaron. Hay que tenerles mucho respeto”, sostiene.
Para él la vocación, admite, no fue inmediata. “Primero fue una necesidad. Después, con el tiempo, uno va abriendo los ojos… y aparece el amor a la patria, a la bandera, el sentimiento de ser argentino”, resume.
"Fuimos porque amábamos a la Argentina"
La historia de Tomás, atravesada por una decisión tomada en tiempos de paz, dialoga con la de quienes vivieron la guerra en carne propia.
Entre ellos está Ramón Fernández, excombatiente, que tomó la palabra durante el acto y habló, justamente, de los jóvenes: “Pasaron 44 años desde que una generación de argentinos cruzó el mar cargada de patria. Éramos jóvenes y fuimos por lo que amábamos: la Argentina”.
El frío, el hambre y el miedo siguen presentes en su memoria, pero también la hermandad. “La mirada de un compañero en la oscuridad que te dice, sin palabras, que no estás solo. Eso no se olvida”, expresó.
Fernández hizo un puente directo hacia las nuevas generaciones: “No les pedimos que vivan lo que vivimos, nadie debería hacerlo. Pero sí que no olviden. Que pregunten, que lean, que entiendan que esta causa no pertenece a una generación: les pertenece a ustedes”.
Un mapa celeste
Ese mensaje parece haber encontrado eco en los estudiantes de la Escuela de Comercio Miguel Lillo. Es que en medio del desfile, un grupo de egresados llamó la atención por un detalle. En la manga de sus remeras de último año, en celeste, habían grabado el mapa de las Islas Malvinas.
“Queríamos algo que nos represente como argentinos”, explicó Sofía Ledesma. “Y como bien se dice, las Malvinas son argentinas y siempre lo serán”.
La elección no fue individual, sino colectiva. “A todos nos gustó la idea -contó Mailén Aybar-, porque queríamos algo que nos identifique como curso y como egresados”.
Para Brenda Monasterio y Aldana Miquel, la experiencia de participar del acto tuvo un significado especial: “Sentimos mucha emoción. Es la primera vez que venimos y creemos que nos invitaron por esta idea que tuvimos”.
Las adolescentes no lo viven como algo pasajero: “Vamos a seguir honrando a los héroes siempre, toda la vida”, prometieron.
Raíces
La memoria también se construye desde los gestos más pequeños. A unos metros, entre los trajes tradicionales y el sonido de la música, Francesca Margarita Juárez, de 11 años, se prepara para bailar folclore.
Hace dos años que empezó, por gusto propio. “Me encanta bailar, los desfiles, ponerme los vestidos… todo lo que tiene que ver con nuestras danzas”, cuenta.
Para ella, el 2 de abril también tiene un sentido claro: “Es muy importante porque hay que recordar a los que cayeron en la guerra de Malvinas. Yo me siento muy feliz de estar acá y creo que hay que recordarlos siempre”.
Cuando se le pregunta si el folclore también es una forma de honrar esa historia, no duda: “Sí, porque es algo que nos representa como argentinos”.
El intendente Pablo Macchiarola también tomó la palabra y retomó esa idea de identidad colectiva: “Hay fechas que no se diluyen con el tiempo. El 2 de abril es una de ellas. Malvinas no es solo una página de la historia: es una causa nacional y un símbolo de soberanía”.
Y en sintonía, Fernández había dejado una definición que resonó a lo largo de toda la jornada: “Malvinas no es el pasado: es una herida que late, una causa que respira”.
Entre generaciones distintas -un soldado que eligió su camino en democracia, un excombatiente que sobrevivió a la guerra, adolescentes que la evocan en una remera y una niña que la baila- la memoria encuentra nuevas formas de decir lo mismo. Que las Malvinas siguen presentes, y que el homenaje, lejos de apagarse, se renueva en cada gesto.